Boletín informativo nº 703

CORREPI

Sumario:
1. Mariano Ferreyra y Walter Bulacio, las dos caras de la represión estatal. 2. La historia de siempre, gatillo fácil invisible. 3. Filosofía y Letras: manchas de azul en la universidad pública. 4. Siguen la militarización de la UNT y la lucha de los estudiantes contra la represión. 5. Los delincuentes de Berni, los gendarmes de Cabandié y los narcopolicías de Bonfatti. 6. Próximas actividades.

Mariano Ferreyra y Walter Bulacio, las dos caras de la represión estatal.

Son dos rostros jóvenes que nos miran desde los afiches, las banderas, las pintadas y los graffitis callejeros. Con sus 23 y 17 años, Mariano y Walter, asesinados con dos décadas de diferencia, en muy distintas circunstancias, simbolizan las dos formas complementarias en que se descarga la represión estatal sobre los trabajadores y sus hijos.

Si Bulacio es el caso emblemático que representa a los cuatro mil pibes asesinados por el aparato represivo de los gobiernos constitucionales en los pasados 30 años, con el gatillo fácil y la tortura, muertos en cárceles y comisarías o desaparecidos, Ferreyra es el paradigma del militante caído mientras enfrentaba a los enemigos históricos de la clase, codo a codo con los trabajadores organizados. Walter y Mariano con las caras más simbólicas de la represión en sus formas “preventiva” y “selectiva”, la represión del control social sobre la clase no organizada, y la del disciplinamiento sobre los sectores organizados de los trabajadores.

En la semana del tercer aniversario del asesinato de Mariano, asesinado por la triple alianza antiobrera del estado, la patronal y la burocracia sindical, comenzaban las instancias finales en el demorado e incompleto juicio por Walter. Imposible rendir homenaje a uno sin pensar en el otro. Imposible no ver cómo el asesinato de uno, hace casi 23 años, es parte de una política de estado que busca imponer el control social para evitar que esos jóvenes, hijos de trabajadores, se conviertan en militantes organizados que se organicen para cambiar la forma en que nos obligan a vivir.

En una de las primeras fojas del grueso expediente iniciado con la muerte de Walter, hay una foto de la pared del calabozo de la comisaría 35ª donde once chicos pasaron la noche. Con rasgos casi infantiles -ninguno tenía más de 17 años- uno de ellos había escrito, raspando la pared, los once nombres: Jorge, Walter, Kiko, Erik, Leo, Nico, Nazareno, Betu y Héctor. Abajo, decía, simplemente: CAIMOS POR ESTAR PARADOS. Y una fecha: 19/4/91.

Sin dudas, el pibe quiso contar “nos detuvieron sin motivo, no estábamos haciendo nada, sólo estábamos parados esperando el recital”. Pero, aunque la idea seguramente no pasó en forma consciente por la cabeza del graffitero, hay otro mensaje que subyace: Caímos por estar parados, por no hacer nada, por estar inmóviles. La simple protesta de un pibe porque lo llevaron preso, estaba advirtiendo que la pasividad y el conformismo son presupuesto de la sumisión y de la derrota.

Mariano no se quedó parado ni vivió inmóvil. Optó por defender los intereses de los trabajadores, se organizó y fue consecuente con ese compromiso hasta su último minuto. Mariano es Walter organizado y luchando.

La historia de siempre, gatillo fácil invisible.

En todo el país, un pibe por día muere asesinado por la policía y demás fuerzas represivas.

Hace algunos días, en Córdoba, volvimos a escuchar la historia de siempre. Fue el 13 de octubre. Jorge Alexis Pedernera, de 19 años, volvía a casa después de verse con unos amigos. En el camino se cruzó con el sargento Marcelo Luna, que salió de su auto y la disparó por la espalda varias veces. Jorge fue llevado de urgencia al hospital, donde a las pocas horas falleció.

Mi hermano venía caminando por un descampado y este muchacho sale en un auto y le pega un tiro. Lo alumbra, y cuando lo alumbra le dispara en la espalda, y quiere salir corriendo, y le dispara de nuevo, y cuando cae el policía este le dispara otra vez en el piso“, dijo su hermano, Emanuel.

La repercusión mediática también fue la misma de siempre. En lugar de escuchar a los vecinos del barrio y de la familia sobre la forma en que murió el joven, los medios volvieron a difundir la versión policial, de un “peligroso delincuente que intentaba robar”, y un “heroico oficial que arriesgó su vida en función de su servicio”. El sargento Luna, caratulado como “sospechoso leve” del asesinato, se encuentra en libertad.

Un día después, en otra provincia, la misma historia. Brian, trabajador cartonero de 20 años, fue asesinado por la espalda por una oficial de policía. Y el hecho volvió a trascender en los medios como un caso más de “inseguridad” del conurbano bonaerense. Y estamos de acuerdo en que se trata de un caso de inseguridad, porque sabemos que la seguridad de los ricos es la inseguridad de los pobres, y la saturación policial en la provincia de Buenos Aires es inseguridad para el pueblo trabajador.

Familiares de Brian, y trabajadores organizados en el MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos), se acercaron al lugar del hecho, a reaclamar por la muerte y el posterior encubrimiento del crimen de su compañero. La respuesta, volvió a ser la de siempre: represión. El saldo fueron varios heridos de balas de goma y un compañero detenido.

La historia sigue siendo la misma, la solución también.

Filosofía y Letras: manchas de azul en la universidad pública.

El martes 15 de octubre, por la mañana, se llevó a cabo una sesión del Consejo Directivo en la Facultad de Filosofía y Letras, con la finalidad de designar una nueva cúpula para el decanato para los próximos cuatro años. Bien conocido nos resulta el mecanismo con que suelen manejarse estas sesiones que, con un amplio espectro de ejemplos como antecedentes históricos, han dejado en claro el carácter antidemocrático que los caracteriza. La resolución –como era de esperarse- dio por resultado la designación de Graciela Morgade como nueva decana de la facultad, pasando por alto la presencia del movimiento estudiantil que se presentó para impugnar la elección.

La funcionaria electa, reconocida por su fuerte alineación con el gobierno nacional, está destinada a asegurar la perpetuidad de la aplicación de la LES y la CoNEAU, el vaciamiento de los fondos públicos destinados a la educación y a garantizar la derogación de la infinita lista de reclamos históricos del movimiento estudiantil que han sido rechazados de facto por todas las gestiones oficialistas de la UBA, todas ellas expresiones de una misma política que no tiene otra finalidad que la de privatizar la educación pública.

Luego de la vergonzosa elección, los estudiantes organizados en asamblea, buscando dar una respuesta concreta al avance privatista, decidieron tomar la facultad con clases públicas. Horas después de la sesión, mientras comenzaban a circular los primeros comunicados de la gestión desconociendo los reclamos del estudiantado tildándolos de “ilegítimos”, “autoritarios” y “minoritarios”, una delegación de la PFA enviada por el decanato se hizo presente en la puerta pretendiendo ingresar a la facultad e intimando a los estudiantes a que abandonaran el recinto. Como resultado de la firmeza de los estudiantes, los azules tuvieron que emprender la retirada –aunque no sin antes dejar expresamente detalladas las indicaciones de la gestión a los patovicas que custodian la entrada desde hace tres años-.

Tiempo después, mientras funcionaba una de las clases públicas en la entrada de la facultad sobre la calle Puán, una nueva delegación de esbirros se presentó para increpar a los presentes, amenazándolos con labrarles una contravención a todos por estar “cortando la calle”. Más tarde, intentarían volver a entrar.

Denunciamos este gravísimo hecho, que no representa un hecho aislado, sino una expresión más de la política represiva del estado que venimos denunciando desde siempre. No nos sorprende que intenten ingresar las fuerzas de seguridad a la UBA, cuando en sus puertas desde hace años tienen anclados matones contratados para neutralizar la organización de los estudiantes como fuerza tercerizada; como no hace falta que nos cuenten que, desde hace tiempo, la policía “estudia” en la Universidad de La Matanza, y cuando sabemos que en las universidades nacionales de Córdoba y Mar del Plata ya funcionan desde hace tiempo como seguridad en puerta los mismos uniformados.

Sea a través de los métodos burocráticos o administrativos con que han avanzado en la privatización de la educación pública, como por medio de los métodos represivos con que sistemáticamente buscan disciplinar a la población que lucha y se organiza, la finalidad responde siempre a la misma política de estado: garantizar el privilegio de clase en una sociedad desigual diseñada para los ricos. Fue así siempre, desde tiempos inmemoriales, como también lo fue durante toda esta década que han dado en denominar “ganada” (para ellos, desde luego) y como lo sigue siendo ahora. Éste es el tiempo de dar una respuesta, nuestra respuesta, la que nace del corazón de la indignación popular y se transforma en lucha y organización.

Siguen la militarización de la UNT y la lucha de los estudiantes contra la represión.

En el Boletín pasado informábamos sobre la situación en la Universidad Nacional de Tucumán, con el predio militarizado y los estudiantes en lucha.

El episodio ocurrido el 23 de octubre, mientras sesionaba el Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, cuando un compañero, que intervino reivindicando los reclamos estudiantiles, fue agredido por integrantes de una agrupación oficialista, se suma a otros ataques protagonizados por patotas del Rectorado, Sur y la Franja Morada, y por la policía, que en apenas dos días detuvo y maltrató a tres compañeros.

Los estudiantes de la UNT difundieron un comunicado en el que sostienen: “Declaramos que ante cada caso de abuso que protagonizamos no nos inculcan miedo, sino VALENTÍA. No nos fragmentan, nos UNEN. Nos dan más motivos para seguir luchando. Reivindican con sus actos nuestras declaraciones. Hoy lxs estudiantes estamos más fuertes que nunca. Porque SI NOS TOCAN A UNX, NOS TOCAN A TODXS”. Desde CORREPI, nos solidarizamos con ellos y los apoyamos en su lucha por el derecho de todos a estudiar en libertad.


Los delincuentes de Berni, los gendarmes de Cabandié y los narcopolicías de Bonfatti.

El secretario de Seguridad, Sergio Berni, afirmó que “hay una población de 4 mil delincuentes robando en la Capital Federal y no se puede hacer nada”. Agregó que “Antes entraban por la puerta (de la comisaría) y salían por otra; ahora ni siquiera entran”, y cargó, de paso, contra los inmigrantes de países latinoamericanos, que “Entran legalmente, pero lamentablemente vienen a la Argentina a robar porque son bandas criminales”.

El candidato a diputado nacional del FPV Juan Cabandié declaró a los medios que la difusión del famoso video que muestra su “interacción” con una agente de tránsito municipal que intentó multarlo por no tener el seguro del auto al día, “Es una operación política de Gendarmería contra nosotros o contra el Gobierno“.

Inmediatamente después del ataque a tiros contra el domicilio particular del gobernador santafesino Antonio Bonfatti, que dejó 14 agujeros de bala en el frente del inmueble, la fiscal que investiga el hecho afirmó que la principal hipótesis apunta al narcotráfico, pero que, “como no hubo heridos ni lesionados, técnicamente la carátula de la causa no incluye la palabra atentado”. Luego, quiso aclarar: “una de las armas utilizada en el ataque es vieja”, lo que la lleva a suponer que “no hubo policías involucrados en el ataque y que los tiradores no eran súper profesionales”.

A Berni hay que señalarle que se le cayó un cero: los delincuentes sueltos en la ciudad de Buenos Aires, que conforman una banda criminal responsable tanto de gerenciar el crimen organizado, como de explotar el crimen del “chiquitaje”, son más de 40.000. Llevan uniforme y son sus subordinados directos. Y entran y salen de las comisarías como quieren, porque son policías. Calavera no chilla.

A Cabandié, cabe recordarle que los gendarmes que se cruzó no vinieron en un plato volador. Fueron traídos, tanda tras tanda, por el gobierno que lo lleva como candidato, para militarizar los barrios obreros en la zona metropolitana. Calavera no chilla.

A Bonfatti y su fiscal, hay que refrescarles también la memoria. La policía santafesina, como la cordobesa, son de las que más expuestas han quedado, en tiempos recientes, en su profunda relación con el narcotráfico.

Hace casi 50 años, Rodolfo Walsh explicaba cómo los integrantes del aparato represivo usan los recursos que les dan los gobiernos para reprimir al pueblo “para resolver sus conflictos personales y aun sus pequeños incidentes cotidianos”. Y sus propias disputas internas, que reflejan las grandes internas de la burguesía a la que sirven, también.

Y cerraba el tan vigente artículo: “…la violencia policial va siempre acompañada de corrupción. La secta del gatillo alegre es también la logia de los dedos en la lata. Pero esto será motivo de otra nota, siempre que no tropecemos en el camino con algún disparo de ‘prevención’

Próximas actividades:

Miércoles 30 de octubre, a las 11:00, continúa el juicio al comisario Miguel Ángel Espósito, en Paraguay 1536.

Viernes 1º de noviembre, desde las 17:00, en Plaza Houssay (Paraguay y Junín, CABA) ¡FESTIVAL ANTIRREPRESIVO! Por Walter y por todos. Tocan:

Dos Minutos - Las Manos de Filippi - Asesinos Cereales - La Chusma - Jamaicaderos - Cumpas Del Barrio - Asterisco.

Viernes 8 de noviembre, horario a confirmar, últimas palabras del comisario (si decide hablar) y veredicto en la causa Bulacio.

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