La respuesta la tienen ellos.

CORREPI
05.Sep.17    Novedades

El gobierno ofrece operaciones mediáticas, gendarmes con sangre en las botas, policías de civil metidos en movilizaciones, balbuceos mal articulados frente a las cámaras y periodistas amigos. Balas, gases, detenciones masivas y arbitrarias; pintura para el Cabildo. Pero nada de eso alcanza, porque de este lado, la movilización popular logró superar las barreras mediáticas para dejar en evidencia la podredumbre del gobierno y los multimedios a su servicio, al mismo tiempo que presionó con éxito para lograr la libertad de los detenidos en la represión a la marcha por la aparición con vida de Santiago Maldonado.

1. ¿La renuncia de Bullrich dónde está?
Santiago Maldonado fue visto por última vez el 1° de agosto en un corte de la Ruta Nacional 40, provincia de Chubut, en apoyo a la comunidad mapuche Pu Lof. Para afirmar esto hay más de una docena de testigos, videos tomados en el lugar de los hechos, y el relato de amigos y familiares que sabían que Santiago iba a participar del corte.
El Estado reprimió la manifestación con la Gendarmería Nacional a la cabeza. Tal como sostuvo el Comandante Balardi, lo hizo en cumplimiento de “órdenes precisas emanadas del Ministerio de Seguridad de la Nación”. Desde entonces, Santiago Maldonado está desaparecido.

El gobierno nacional se dedicó no sólo a criminalizar el reclamo, sino, directamente a negar la presencia de Santiago en el lugar, para luego afirmar una y otra vez, que “no hay indicios que inculpen a la Gendarmería”. En este momento hay más de 60 gendarmes separados momentáneamente de la fuerza; más de 100 celulares y computadoras de la Gendarmería investigadas por la Policía Federal, y una caratula que pasó de “Averiguación de paradero” a “Desaparición forzada”, entre otras cosas. Lo más importante: la última vez que vimos a Santiago fue cuando lo detuvo la Gendarmería.

Tan abrumadoras son las pruebas de que estuvo ahí, que escuchar esa respuesta de parte del gobierno lleva a toda la situación a un terreno casi de delirio. Sin embargo, no sorprende. Según Bullrich, “detrás de la RAM hay una organización inglesa” que vendría a financiar las “acciones” de la comunidad mapuche en el sur – quienes reclaman el derecho a tierras que hoy son propiedad privada de Bennetton-. ¿Qué acciones? ¿Esa organización inglesa mandaría plata para comprar aerosoles con los que se pintan las paredes? ¿Tendrían capacidad para financiarse internacionalmente, pero no para ser más de quince personas en una protesta en la ruta 40?

Para el gobierno los culpables son también los propios mapuches, que no dejaron pasar a los Gendarmes que los habían reprimido días antes, y hasta la misma familia de Santiago, por no querer aportar ADN a la investigación (esto último desmentido por los hermanos Maldonado, y por la realidad misma, ya que esas pruebas figuran en la causa judicial). Y de paso, la ministra de seguridad aprovechó para explicitar su adhesión a la teoría de los dos demonios, al decir: “Los ángeles no eran tan ángeles y los demonios no eran tan demonios”.

La negación rotunda de la responsabilidad del Estado en la represión y posterior desaparición de Santiago, fue acompañada con la justificación de todo el hecho. ¿Para qué intentan justificar lo que ellos mismos niegan?
La indiferencia de Mauricio Macri, el titubeo de Marcos Peña y el papel patético asignado a Patricia Bullrich, se completa con el completo silencio del resto de los funcionarios de gobierno, donde hasta la macrista estrella, María Eugenia Vidal, no sabe qué responder cuando entre timbreo y timbreo le preguntan ¿Dónde está Santiago Maldonado?
El gobierno intenta salvar a las fuerzas de seguridad porque sabe que sin ellas sería imposible contener a los distintos sectores sociales que, además de reclamar la aparición con vida de Santiago, ven como su salario cae, al mismo ritmo en que los despidos crecen.

2. Y los medios nos dicen que llueve.
Desmentir el pescado podrido que venden los grandes medios de comunicación es una tarea aparte.
Desde el 1° de agosto han dicho:
- Que Santiago Maldonado no estaba en el corte de la ruta 40.
- Que se había escapado a Chile, cruzando la cordillera, en pleno invierno y con lo puesto.
- Que lo tenían escondido sus propios compañeros.
- Que estaba en Gualeguaychú.
- Que un camionero lo llevó a Corrientes.
- Que fue apuñalado por un puestero. Hipótesis que cayó definitivamente hace pocas, horas a raíz del resultado de ADN.
- Que apareció su cuerpo en Argentina.
- Que apareció su cuerpo en Chile.
Y este es un listado con las pistas falsas “más serias”. La familia se ha cansado de aclarar con sobrados argumentos y pruebas la incongruencia de las publicaciones de Clarín, La Nación, Infobae y otros. Estos no sólo incurren en la irresponsabilidad de publicar noticias mal chequeadas, sino que además, con la repetición del “error”, utilizan su poder para generar una confusión generalizada. Detrás de todas esas teorías disfrazadas de primicia, se esconde un argumento y un objetivo: todo esto sucede para desestabilizar al gobierno nacional y hay que salvarlo.

Con la respuesta del gobierno hecha de titubeos, los medios de comunicación operaron desde el principio para colaborar con el encubrimiento y el silencio. Poco hicieron para darle espacio a otras fuentes (como la familia) que no provinieran del gobierno o las fuerzas de seguridad. Al contrario. Ayudaron a Cambiemos a construir su propio relato sobre los hechos. Empezando por Jorge Lanata, quien desde hace un mes intenta instalar la idea de “una guerrilla mapuche” que, de existir, justificaría ¿Qué? ¿La desaparición por parte del Estado de una persona?

Si no fuera por la mano amiga de los operadores mediáticos como los antes mencionados, que se dedicaron a disimular la fragilidad del relato gubernamental y la torpeza de Patricia Bullrich al intentar articular una respuesta, el hecho sería totalmente indefendible hasta para el más convencido de los amarillos.
Lo que escuchamos y leímos este mes es una demostración clarísima de una operación tan vieja como eficaz: demonizar a la víctima para justificar, y luego defender al victimario.

3. El Cabildo ya está limpio. ¿Santiago dónde está?
La movilización en todo el país, concentró a casi 300.000 personas con un reclamo claro y unificado: aparición con vida ya, el Estado es responsable, y el pedido de renuncia de la ministra de seguridad, también en palabras de Sergio Maldonado. La edición de la tapa de los diarios del día después se la debemos a la Policía de la Ciudad, que empezó a armarla ni bien terminó la desconcentración de la movilización. La represión, que incluyó balas, gases, camión hidrante y 31 detenidos, fue protagonizada por la flamante policía de Larreta, en un operativo que por estos momentos ya se les vuelve en contra.

Nadie, ni quienes estábamos ya desconcentrados a unas cuadras, ni los periodistas de un lado ni de otro, ni la propia justicia sabe dónde comenzó el supuesto enfrentamiento entre manifestantes y fuerzas policiales que desencadenó la posterior razzia; tampoco hay videos o fotos de estos enfrentamientos originales. Sí sabemos que hubo personas dispersas, que de un momento a otro se pusieron el chaleco de la Policía, y así empezar a detener gente al boleo.

Dentro de los detenidos hubo dos grupos diferenciados: los trabajadores de prensa, que fueron detenidos por registrar la represión del Estado, y aquellos que estaban volviendo de la movilización o, directamente, no tenían nada que ver. Ejemplo de esto es el docente de SUTEBA, quién luego de haber participado de la movilización estaba cenando en una pizzería de donde fue arrancado por la policía y luego detenido.

El operativo represivo del viernes 1° de septiembre en Plaza de Mayo tuvo la orden de reprimir, y fue tal el mamarracho por parte del Estado, que 48 horas después ya fue probada la falsedad de los argumentos en las actas de detención. Inventaron hechos, lugares y horas para disimular las detenciones arbitrarias. Hasta el mismo juez Martínez Di Giorgi, quien tampoco es un simpatizante de las causas populares, tuvo que aceptar la falta de carga probatoria contra quienes fueron imputados por intimidación pública, atentado y resistencia a la autoridad.

A la obviedad de la operación del gobierno, la infiltración de la policía en la movilización y los ribetes legales, hay que agregarle un elemento que es fundamental para que hoy por hoy los detenidos por luchar estén libres, y es la movilización de compañeros y organizaciones que fue sostenida por más de 60 horas en Plaza de Mayo, cuatro comisarías de la Ciudad de Buenos Aires, Comodoro Py, y por último, en la alcaldía de la Policía Federal en General Paz y Madariaga.

Menos de doce horas después de la represión el Cabildo ya estaba pintado de blanco, para la tranquilidad de todas las personas que mostraron su preocupación por el monumento histórico por redes sociales, mientras desde los medios de comunicación y el gobierno nacional se corría el debate hacia los “incidentes” y el daño al “patrimonio público”.

Son los mismos que hacían convocatorias para limpiar Plaza de Mayo y se preocupaban más por una pared que por mostrar la realidad para que toda la sociedad sepa de qué es capaz el gobierno argentino, junto con las fuerzas de seguridad, que ahora está sumido en un silencio contundente, aferrado al poder estatal y mediático, esperando que pasen las horas, para arremeter con alguna otra mentira que los salve de la pérdida de votos y dólares de cara a las próximas elecciones legislativas.

Pero no hay pantalla de humo que pueda tapar la movilización popular, ni clarinete que pueda callar la pregunta fundamental, que es y va seguir siendo: ¿Dónde está Santiago Maldonado?