Política de Seguridad

Para saber si hubo o no cambios en la política de seguridad del sistema primero debemos ver qué cosas estamos comparando. Además, la política de seguridad tampoco se define aislada con respecto al resto de las políticas de estado.
Sin embargo, la Política de Seguridad del Estado tiene sus características específicas. Para analizarlas hay que escuchar no sólo el discurso que anuncian los sucesivos gobiernos y sus definiciones doctrinarias sino también mirar en los hechos lo que ha cambiado o no con respecto a este ámbito de la política estatal.
En este sentido, el Gobierno de Néstor Kirchner parece haber planteado el tema en dos espacios diferentes intentando separar la discusión doctrinaria de sus implicancias prácticas. Te proponemos ver si las podemos juntar y observar juntos cuál es el resultado.

La “depuración”
Desde la asunción de Kirchner al sillón de Rivadavia Correpi ha observado que si bien el Gobierno ha mantenido una actitud agresiva con respecto a las fuerzas de seguridad, en especial la SIDE y la Policía Bonaerense, los problemas devenidos de la actividad de las fuerzas represivas no se solucionan simplemente descabezando a la cúpula de estos organismos y tampoco es un problema “educativo”.
Las depuraciones han tenido hasta ahora más efectos mediáticos que reales. Los casos de “gatillo fácil” y “torturas” se han mantenido dentro de los promedios anuales del gobierno de Alfonsín, de Menem, De la Rúa y de Duhalde. Desde Correpi no hemos podido observar que los cambios de autoridades, ni de “líneas” internas dentro de la Bonaerense, de la Federal o incluso de la SIDE hayan modificado sustancialmente su accionar. Incluso es importante destacar que el centro de las denuncias del Ministro de Justicia y Seguridad Gustavo Beliz han sido los problemas de corrupción o participación en delitos pero en ningún momento se introdujo el problema de que las policías son represoras.
Es decir, se cuestiona a los policías por corruptos, pero no por torturadores y asesinos. Hace unos días nomás, el diario La Nación – insospechado de anarquismo, bolchevismo y/o combinaciones de ambos – afirmaba que el 60% de la Policía Bonaerense está sumariada y que la Federal no tiene tantos sólo porque mantiene aquello de que “los trapos sucios se limpian en casa”.

Todo sigue igual, pero algo cambió.
No porque la policía siga siendo asesina, torturadora y represiva todo sigue igual. Desde hace unos años hasta esta parte hay una tendencia a conformar espacios de coordinación entre las distintas policías y las otras fuerzas de seguridad federales como la Gendarmería, la Prefectura y la SIDE.
Esta política ha tenido muchas idas y vueltas, la coordinación ha sido difícil. Sin embargo, Néstor Kirchner ha dado un nuevo aire a este proyecto con la creación del Comando Metropolitano que articula desde la Secretaría de Seguridad Interior del Ministerio de Justicia y Seguridad a la Bonaerense, a la Federal, la SIDE, Prefectura y Gendarmería.
En los hechos ha habido algo novedoso. Prefectura, que antes custodiaba instituciones religiosas y aún antes sólo se la veía en las costas; y Gendarmería, que intervenía supuestamente “sólo” en situaciones de “crisis” después de salir de su original destino en las fronteras, comienzan a patrullar los barrios del conurbano coordinando – y a veces compitiendo – con la Bonaerense. También la Federal y la SIDE comienzan a tener incidencia en el conurbano haciendo operativos bajo el argumento de “combatir” la inseguridad.
Como ya hemos dicho, esta idea no es novedosa, pero sí es un elemento a destacar ya que hasta ahora nadie la había implementado de manera permanente. Sólo se había usado en situaciones especiales como planes de lucha de las organizaciones piqueteras y que tuvieron como resultado la Masacre del Puente de Corrientes o del Puente Pueyrredón.

Vuelta de tuerca
Nadie construye una herramienta que no está dispuesto a usar. Esta coordinación entre fuerzas represivas en el conurbano Bonaerense y en la Ciudad de Buenos Aires nos indica que el Gobierno está intentando solucionar el problema de la protesta social a través de la cooptación para los más dóciles, del aislamiento de los díscolos y es consciente de que en determinado momento el uso de la fuerza será inevitable. Al parecer, para ese momento se está preparando con un conjunto de medidas políticas, mediáticas, judiciales y también las que hoy nos ocupan, las de seguridad.
Kirchner y Beliz parecen ser conscientes de que el momento represivo no ha llegado e intentan resolver los conflictos con las organizaciones de desocupados sin hacer intervenir a la policía. Sin embargo, esto no implica que no se estén preparando para cuando los “palos” sean más que las “zanahorias”, han dado una vuelta de tuerca y un paso más en lo que se refiere a política de “seguridad”.
Represión Social – Represión Política
Entender que la represión “social” -como las razzias, que te levanten en la esquina o que el patrullero pase tres veces por tu casa en media hora, o en la cancha-, es distinta a la represión “política” a las organizaciones de desocupados por ejemplo, es un error.
La represión se articula en distintos niveles. Las diferencias entre un tipo de represión y otra son muchas, pero la represión política es imposible si no se estructura desde el control mínimo de los barrios. Es así que si la represión política y la represión social son diferentes por su modalidad y su intensidad son parte de una misma estrategia y no existe una sin la otra.
Organizarse en el colegio, en el trabajo, en el movimiento, las asambleas o la facultad es la única forma de estar protegido. Juntarse y ejercer nuestros derechos es la forma que tenemos para que el terror no nos paralice.
Juntos para defendernos de las políticas que quiere imponer un estado represivo, y organizados para ejercer nuestro derecho a la vivienda, el trabajo, la salud y la educación.

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