A 20 AÑOS DEL 24 DE MARZO DE 1976

Cuando en los albores de la institucionalidad reclamábamos la desintegración del aparato represivo de la dictadura éramos conscientes de que si no se lo extirpaba, el futuro de las libertades públicas quedaba en manos de la represión. Preveíamos que, ante la continuidad de planes económicos de reconversión capitalista abrevados en la fuente de Martínez de Hoz, de Sourrouille a Cavallo, las secuelas de hambre, miseria y desocupación necesitarían a los represores de la dictadura para disciplinar a quienes se atrevieran a protestar, como protestaba Víctor Choque cuando las balas policiales lo alcanzaron. Hemos vivido días de dictadura en esta “democracia”: represiones en Jujuy, San Juan, Río Negro, La Plata o Ezeiza.
Las leyes de impunidad de Alfonsín y el indulto menemista dieron el marco legal para que los represores pudieran seguir actuando. Los que por diversas razones han pasado a retiro han sabido transmitir a nuevos discípulos su legado.
La CORREPI ha destacado que los hijos de Camps existen, como también existen los hijos del punto final y la obediencia debida. Los pocos ejemplos enumerados al comienzo son elocuentes de la permanencia de grupos de tareas y represores en jerarquías claves de las fuerzas de inseguridad democrática. Pero también hay represores jóvenes.
La mayoría de los autores de torturas y hechos de gatillo fácil actuales tienen menos de 35 años. Eran adolescentes durante la dictadura y su adoctrinamiento policial data de no más de 10 años atrás. El oficial Fernández, sentenciado a prisión perpetua por la tortura en el caso Durán, tiene 31 años. Centurión, asesino del “Colo” Rojas Pérez, tiene 21. Y no por casualidad, parece que el matador de Walter Bulacio, comisario Miguel Angel Espósito, apadrinado desde el Ministerio del Interior con abogados del poder y con la presión ante los jueces del jefe Pelacchi, es un destacado docente en la escuela “Ramón L. Falcón”. ¿Qué hacía Espósito durante la dictadura? ¿Habrá estado en la patota de Robos y Hurtos, o en Seguridad Federal? Ahora seguramente enseña a los cadetes de la federal cómo deben ser tratados los menores detenidos.
Los métodos son los mismos (ejecuciones sumariales, torturas, desapariciones, detenciones masivas, con o sin autos particulares) caracterizando dos vertientes represivas: la masiva, indiscriminada, destinada a ejercer el control social, y la selectiva, dirigida a amedrentar a los que luchan.
A partir de la Comisión de Amigos y Vecinos de Budge en 1987, de las jornadas multitudinarias de protesta estudiantil por Bulacio y de las movilizaciones cada vez más frecuentes y numerosas de familiares de víctimas del gatillo fácil se ha ido consolidando una conciencia social y política en torno de la represión institucional y de la impunidad vigente que contribuye a la resistencia y lucha. Aumenta así el compromiso popular con los derechos humanos sentándose las bases de una sociedad distinta.
Porque estamos convencidos que la represión de esta democracia formal es el correlato de la represión de la dictadura; porque creemos que la violencia policial e institucional de hoy está parida por la impunidad de los genocidas de ayer; porque afirmamos que el poder político necesita de la represión para aplicar el ajuste y que la represión es inherente, esencial y funcional para este sistema de injusticia, a 20 años del golpe militar exigimos:
1- JUICIO Y CASTIGO A LOS ASESINOS DE AYER Y DE HOY.
2- ANULACION DE LAS LEYES DE OBEDIENCIA DEBIDA Y PUNTO FINAL.
3- ANULACION DEL INDULTO A LOS GENOCIDAS.
4- DESMANTELAMIENTO DEL APARATO REPRESIVO.
5- CESE DE LAS PERSECUCIONES A LOS LUCHADORES SOCIALES Y POLITICOS.
CORREPI
Coordinadora Contra la Represion Policial e Institucional

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