SANTIAGO DEL ESTERO: LOS CRÍMENES DE LA DÁRSENA Y LA TRADICIÓN REPRESIVA

CORREPI - Antirrepresivo, diciembre 2003
20.Dic.03    ANTIRR - 2003 Dic

Después del Santiagueñazo y cuando el fuego se ocultaba en el poniente volvió el anacrónico fetiche Carlos Arturo Juárez, por causas que solamente la incumbencia del ser indoamericano presente en nuestra región puede develar en la dimensión histórica del acontecimiento y sus consecuencias.
Junto con Juárez vuelve el Terrorismo de Estado y su macabro rostro: Musa Azar, con sus agregados de la patota genocida, Tomás Garbi como testaferro de las empresas privadas de seguridad de Azar, Juan Bustamante (alias Sérpico), Ramiro López, y el Mayor Jorge D’amico entre otros, ocupando los cargos claves en la “Seguridad” de la provincia. “La designación no me sorprendió ya que con el Dr. Juárez nos conocemos desde hace mas de veinte años”, dijo Musa Azar cuando asumió como Jefe de Informaciones. Se olvidó decir que esa amistad incluye participación en delitos de lesa humanidad, como es el caso de Emilio Abdala, un concejal del PJ desaparecido en el mismo despacho de Juárez en la Casa de Gobierno el día 3 de diciembre de 1975.
Desde el año 1995 Santiago del Estero registra más casos de violaciones a los Derechos Humanos que durante la dictadura militar, y entre los más notorios podemos mencionar las dudosas muertes del obispo Sueldo y el ex gobernador de la provincia César Eusebio Iturre.
Desde el marco de impunidad reinante en la provincia, se han registrado casos de “gatillo fácil”, entre los cuales se encuentra el paradigmático caso de la masacre del barrio Campo Contreras, en la ciudad capital de Santiago del Estero, que ha ocasionado el asesinato de José Luis González y la grave secuela física actualmente padecida por los jóvenes Federico Saracco y Pablo Alarcón.
Las muertes de changos en las mazmorras juaristas también ha sido un dato de esta realidad oscura que vienen soportando los santiagueños, allí para muestra aparecen los casos de Rubén Edgardo Godoy, Ramón Rojas, Gustavo Norberto Cáceres, Mauro Lohaiza entre otros.
Han sido múltiples las denuncias formuladas por los organismos de Derechos Humanos en contra de la tristemente célebre Brigada de Investigaciones de la policía de la provincia. Los tormentos y apremios ilegales forman parte de la existencia cotidiana de esta cueva de cobardes y torturadores que no dudan en aplicar el “submarino seco” y otras refinadas técnicas represivas especialmente sobre la changada de los barrios “demonizados” previamente, para justificar su accionar de violencia institucional y desviar la investigación hacia las asociaciones ilícitas conectadas con la policía.
Misteriosas muertes por obra del aparato represivo mafioso encontramos en los casos de Osvaldo Britos y José Antonio Galván, ambos de Añatuya, donde se encuentra la Diócesis del ex obispo Basseotto, actualmente vicario castrense y confesor de los genocidas de la ESMA, usaron la estructura del Obispado para el tráfico de bebes y órganos entre otros delitos, además de amparar a los asesinos de Britos y Galván.
Los campesinos santiagueños también han sido víctimas del juarismo. La trama de complicidad del bloque de poder constituido por los terratenientes, el poder político y la justicia con sus auxiliares (jueces de paz y policía) han cercenado gravemente el derecho a la tierra de los campesinos, además de provocar estragos rurales sobre las escasas reservas forestales existentes en la provincia, con el consabido pretexto de traer el progreso, pero debido a la dolorosa etapa de La Forestal sabemos que después del paso de Don Progreso viene el desierto, el salitral y la desolación de las almas.
Los Juárez, Musa Azar, Baseotto y el poder económico del actual niño mimado del juarismo, Néstor Ick, forman parte de un mismo Orden Simbólico, ellos son los rostros de una dictadura disfrazada de democracia, imponiendo con rigor feudal La Encomienda Santiagueña, desde donde se viene condenando la vida de los pueblos olvidados.
La paradoja de la historia quiso que justamente en los 450 años de la fundación de la ciudad capital, ocurriera el acontecimiento que ha dado pábulo al comienzo del fin de la encomienda juarista, y en lugar de los fuegos artificiales del festejo colonial, apareció la multitud de los pueblos en marcha reclamando justicia y libertad bajo la égida de la Némesis campesina e indígena.
El doble crimen de La Dársena ha conmovido estructuras seculares de dominación, evidenciando la permanente actualización de una metodología represiva siniestra, que ha quedado expuesta en toda su plenitud como una continuidad del plan criminal de la Dictadura Militar Fascista. La misma técnica aplicada sobre nuestros desaparecidos y presos políticos fue repetida con Patricia Villalba, las manos atadas a la espalda y los tormentos sufridos antes de morir revela que la metodología típica de los genocidas sigue presente como nada hubiera pasado.
La Dársena además, ha colocado nuevamente en la agenda del día la necesidad de desmantelar el aparato político del partido militar enquistado en las estructuras de esta democracia formal y temerosa instaurada a partir de 1983, incluso en algunas etapas de infame década menemista este aparato político ha sido cooptado por menemismo, motivo por el cual todavía se encuentra infectado de este virus militarista la mismísima estructura de un Estado que se niega a ser reconocido como Estado de Derecho.
El juarismo atraviesa actualmente una crisis orgánica. El doble crimen ha costado la renuncia del Vicegobernador, Jefe de Informaciones, Juez de Crimen de la causa y ahora el Presidente del Superior Tribunal de Justicia. Musa Azar acusado de instigador, un diputado provincial Anahuate (jefe de JP) y el Defensor del Pueblo de la capital, acusados de participación en estos delitos. El pueblo en la calle movilizado todos los viernes reclamando justicia e Intervención Federal para un Poder Judicial que ha demostrado su total obsecuencia hacia los Juárez, además de existir el convencimiento generalizado en la provincia que mientras no aparezca la Intervención Federal al Poder Judicial es improbable el esclarecimiento de estos crímenes que sacuden toda la región.
Leyla y Patricia, nuestras emblemáticas changas, vestidas de torcazas como dijo el Duende Garnica desde la poesía, son acompañadas por un pueblo dispuesto a reclamar justicia para todos. Leyla enamorada de la luna y Patricia de los Carnavales, acontecimientos ancestrales de la resistencia santiagueña.

Luis Horacio Santucho Abogado de LADH (Santiago del Estero)